Bordalás aceptar salir voluntariamente por la puerta de atrás

Ni frío, ni calor. Pese a estar arropado por los aficionados la rueda de prensa de despedida de José Bordalás solo sirvió para constatar que está de acuerdo en aceptar su finiquito, cumplir la cláusula de confidencialidad de Meriton y buscar un nuevo banquillo.

«No sé si mi despido es justo o injusto, lo acepto y respeto», así resumía José Bordalás su salida del Valencia tras un mes de negociaciones con Gennaro Gattuso a sus espaldas. Ya pareció sospechoso que el técnico alicantino no tuviera una cálida despedida por parte de los que durante el último curso han sido sus jugadores. Salvo Foulquier y Gabriel Paulista, y sin mucha pasión, apenas han habido muestras de cariño hacia Bordalás. Y tras la rueda de prensa de ayer tampoco parece que el entrenador tenga muchas ganas de decir nada sobre la gestión del club hacia él mismo.

Como se pudo comprobar en todo momento, el tono de Bordalás fue conciliador y aseguró que para él había sido «muy gratificante e increíble poder dirigir al Valencia. Es una rueda de agradecimiento y despedida. Ha sido algo inesperado, pero esto es fútbol y los clubes tienen propietarios. Han decidido que no continúe y tengo que aceptarlo», indicó. «Me hubiera gustado seguir y continuar, hemos vivido momentos muy bonitos, recuperado ilusiones y sólo quiero dar las gracias a todos, jugadores, cuerpo técnico, aficionados y medios. Estoy orgulloso de haber podido dirigir al Valencia CF», puntualizó el noveno entrenador de la era Meriton Holdings (desde 2014).

Por no querer valorar, ni siquiera tuvo una opinión pública sobre la ética de que se hubiera negociado un nuevo inquilino para el banquillo a sus espaldas: «No lo sé, no es algo que me preocupe. Yo le deseo lo mejor al Valencia y si puedo ayudarles, estoy dispuesto a ayudar al que entra y al club». La razón de este silencio obedece que a que el contrato establecía una duración de dos temporadas con una cláusula mutua de 700.000 euros de indemnización en caso de si el entrenador decidiera salir antes de tiempo o era el club el que destituía al técnico. Y además existe una segunda condición, para cobrar dicha cantidad se debía cumplir con el silencio que obliga la cláusula de confidencialidad. Tan fría ha sido esta despedida que ni siquiera se ha realizado en Mestalla.

Jarro de agua fría emocional

Al otro lado del telón de acero singapurés están los aficionados valencianistas que se debaten entre la comprensión y la decepción por haber perdido una oportunidad para hacer saber al mundo que la gestión de Peter Lim y Jorge Mendes está asfixiando al club. Por si fuera poco todavía no hay un presidente ni un director deportivo. Probablemente no sean verdaderamente necesarios porque en la dictadura meritoniana Lim/Mendes ya ejercen un poder absoluto y despegado de la realidad valencianista. Sus planes no tienen futuro, no lo necesitan. El presente pasa por vender a tus tres mejores jugadores (como mínimo) después de otra pésima temporada y después ver si queda algo gratis que pescar por ahí para cubrir los enormes boquetes que tus números rojos no pueden cubrir.

La temporada que viene ya no habrá casi nada que vender y si la situación deportiva no se arregla milagrosamente con la varita de Gattuso podríamos estar ante el fin del Valencia CF tal y como lo conocemos: Un equipo de Primera y que aspiraba a ser protagonista. Aunque sólo lo fuera de vez en cuando.

Planeta Mestalla

Periodista valenciano y valencianista.

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